Con sus dedos en forma de corazón y colores llamativos, estas diminutas ranas dardo de 3 centímetros de largo se han convertido en víctimas de su propio encanto. Colombia es el hogar de más de 500 especies de ranas, y entre ellas, la rana venenosa de Lehmann (Oophaga lehmanni) es tanto una Especie en Peligro Crítico como una especie endémica—es decir, que no se encuentra en ningún otro lugar de la Tierra. Pero su historia no es solo una de pérdida; también es una de colaboración y resiliencia.
Víctimas de su propio encanto

Una criatura mayormente solitaria, O. lehmanni pasa su tiempo en el suelo del bosque o en la vegetación baja, interactuando con otros solo para aparearse. Desafortunadamente, muchos de sus encuentros son ahora con humanos. La mayor amenaza actual para esta especie es el comercio ilegal de mascotas. Según la información compartida durante una reciente visita al Zoológico de Cali, sus principales destinos son Alemania y otros países de la UE.
Hace apenas una semana, durante la Reunión Anual del Grupo Especialista en Planificación de la Conservación de la UICN SSC, tuve la oportunidad de visitar el programa de conservación ex situ para O. lehmanni en el Zoológico de Cali en Cali, Colombia. Allí, aprendí más sobre la historia de esta especie—la cual comparto aquí contigo—y las razones para tener esperanza.
De la confiscación a la conservación
En 2018, durante un taller de Evaluación de Necesidades de Conservación para los anfibios de Colombia, los científicos locales destacaron a O. lehmanni como una de las especies que más urgentemente necesita acciones de conservación. Una prioridad era reintroducir individuos en sus hábitats naturales. Pero no había ranas en las instituciones colombianas de donde obtenerlas.
Entonces vino un giro agridulce. En noviembre de 2018, las autoridades confiscaron 216 ranas extraídas ilegalmente en el aeropuerto de Bogotá. Entre ellas, varias O. lehmanni. Muchas no sobrevivieron a los procesos legales y logísticos por los que tuvieron que esperar, pero aproximadamente 30 individuos fueron finalmente trasladados al Zoológico de Cali, donde una coalición de zoológicos colombianos e internacionales, universidades y otras organizaciones comenzó un programa de cría ex situ. El objetivo: criar ranas que algún día pudieran regresar a la naturaleza.
Solo cinco meses después, se confiscaban 400 ranas nuevamente—incluyendo 80 más de las ranas venenosas de Lehmann que también se unieron al programa de rescate. Es difícil enmarcar esto como algo positivo, pero dada la crítica situación de conservación de la especie y la capacidad local ahora disponible, su confiscación se ha convertido, afortunadamente, en algo de esperanza.
El desafío de la crianza
Reproducir O. lehmanni no es sencillo. La especie tiene una estrategia reproductiva única que es tan fascinante como exigente. Después de aparearse, las hembras llevan sus renacuajos en la espalda a pequeños charcos de agua que se forman en bromelias y otras plantas—llamadas fitotelmata. Cada renacuajo obtiene su propio charco, y la madre lo alimenta con huevos no fertilizados, un comportamiento conocido como oofagia (de ahí su nombre, Oophaga significa literalmente “comedora de huevos”).
Replicar este proceso en cautiverio requiere paciencia y mucha prueba y error para encontrar el pH, la temperatura y la humedad adecuadas. También implica suplementar con vitaminas, minerales y niveles apropiados de luz UV para imitar lo que naturalmente obtendrían en la naturaleza. Estos son aspectos importantes a considerar para prevenir enfermedades y malformaciones comunes en los anfibios y garantizar su salud y supervivencia (y su reproducción). ¡Pero el Zoológico de Cali y sus colaboradores lo han logrado!
En los cinco años desde el inicio del programa, más de 150 O. lehmanni han sido reintroducidos con éxito en su hábitat nativo. Este logro resalta un aspecto clave del éxito en la conservación: la colaboración. Científicos, cuidadores de zoológicos y miembros de la comunidad trabajan juntos para perfeccionar las técnicas de cría, monitorear a los individuos liberados y compartir conocimientos a través de una variedad de instituciones.
Comunidades, conservación y tráfico
Mientras los científicos trabajaban en laboratorios y entornos controlados, las comunidades locales se esforzaban por proteger lo que queda del hábitat de esta especie. Organizaciones como la Wildlife Conservation Society (WCS) colaboraron con las personas locales para promover la protección del hábitat y fomentar un sentido de orgullo y responsabilidad hacia la especie.
El mensaje es aparentemente simple pero poderoso: proteger la biodiversidad puede traer más beneficios con individuos vivos y salvajes que muertos o vendidos. Pero no toda la conservación ocurre localmente. Todo esto también debe suceder en paralelo con los esfuerzos para combatir el tráfico de vida silvestre, algo en lo que todos podemos contribuir, considerando que la demanda proviene de todo el mundo (particularmente de EE. UU. y Europa). Pero más sobre eso en un futuro post.
¿Conservación y comERCIO?
Hay otra iniciativa colombiana que comenzó hace más de dos décadas y que busca criar y vender ranas de crianza en cautiverio para la demanda de mascotas. Hacen esto con permisos legales locales, así como permisos CITES. Personalmente, no soy fan de mantener la vida silvestre como mascotas, pero si la gente va a comprarlas, ¿por qué no asegurarse de que provengan de fuentes certificadas y trazables de crianza en cautiverio en lugar de ser cazadas por furtivos?
Aún existen varias lagunas legales a nivel internacional al respecto, pero la idea cuenta con el apoyo de la CITES y actualmente se están reforzando las regulaciones (al menos en algunos países). Esto puede contribuir a reducir los incentivos para el tráfico de vida silvestre, que a menudo implica no solo daños a las especies y al medio ambiente, sino también violencia y conflictos dentro de las comunidades locales. Encuentra más información sobre esta iniciativa colombiana aquí.
Un destello de esperanza
Gracias a la combinación de acciones de conservación ex situ e in situ, la rana venenosa de Lehmann ya está regresando a su hábitat natural. Los resultados aún deben evaluarse en una futura valoración de su estado de conservación, pero el trabajo no se detendrá pronto.
La conservación ex situ siempre es un método complementario para rescatar y proteger especies, pero también permite a los científicos estudiar comportamientos difíciles de observar en la naturaleza. Estos hallazgos pueden contribuir a mejorar las medidas de conservación in situ. La conservación ex situ, el papel de los zoológicos y la cría para la venta no son temas nuevos, pero aún generan controversia. ¿Cuál es tu opinión? Comparte tus ideas en los comentarios.
Foto de portada: un póster de la rana venenosa de Lehmann que compré en La Linterna, un taller de impresión tipográfica en Cali, Colombia. Un referente cultural desde 1934 que aún imprime con prensas del siglo XIX y que posee una gran relevancia cultural y política en la ciudad. Para mí, este y otros pósteres sobre biodiversidad en La Linterna demuestran que la rica biodiversidad de Colombia no solo es ecológica, sino también cultural; algo que la gente sigue celebrando y haciendo suyo.
Referencias
- Personal visit and guided tour by Cali Zoo scientists and zookeepers.
- Gómez-Díaz, M., et al. 2016. Actualización del plan de manejo para la rana venenosa de Lehmann Oophaga lehmanni (Myers y Daly 1976). Plan de Manejo.
- Pool, J.R. 2015 (18 Nov). Farmed and legally exported Colombian poison frogs take on the illegal pet trade. Mongabay News.
- Arellano, A. 2025 (30 Nov). Volver al valle: 21 ranas en peligro crítico de extinción regresan a su hogar en Colombia. Mongabay News.
- Raman, S. 2025 (24 Mar). Regulation loopholes fuel illegal wildlife trade from Latin America to Europe. Mongabay News.
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